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ANECDOTARIO DEL VIAJE

En la tierra catalana"

Mucho se había hablado sobre el riesgo de no poder entrar en territorio español. Paradoja para un argentino en cuyo suelo habían ingresado desde siempre, y lo siguen haciendo, generaciones enteras de inmigrantes.
Esto me llevó a tomar las precauciones del caso con la atención de no dejar de lado ninguna indicación e instrucción al respecto.
El año pasado no me preocupó tanto tal advertencia en mi visita a Inglaterra y Alemania, más distente de nuestra idiosincracia.
Pero yo traia en mi bagaje elementos de mi obra a representar "Fausto" y en ella "Mefisto", personaje central iba a decir presente, y como siempre "el diablo iba a meter la cola". Uno de los requisitos fundamentales requeridos para justificar mi ingreso a España: la carta de invitación, había quedado en la valija vaya a saber en qué rincón de la bodega del avión. Tenía en mi poder el aval de la Cancillería Argentina y de la Secretaría de Cultura de la Nación. A esa altura no sabía si iba a alcanzar.
Una sutil peocupación me acercó a la ventanilla del guardia que me recibió en Madrid. Solo me preguntó mi destino final y sin solicitarme otro requisito que el pasaporte, me tranquilizó. Mi portación de buena conducta alcanzó.
Más todavía me faltaba la salida del aeropuerto y esto iba a ocurrir en Barcelona.
Allí la suerte me trajo una de las primeras valijas de la manga que me llevó al guardia que me estaba esperando y quien me preguntó con pícara simpatía: "de donde llegaba, si era mi primera vez, a qué hora había partido, a qué venía, quién era" y a pasar por el scanner la valija.
Allí claro, descubrió que algo raro había: "que traes?"... "Un espada de fantasía, un cuchillo de fantasía, unas cadenas de fantasía" y toda mi ilusión y fantasía... "traes comida?"... "No!"..."vamos a abrir la valija"...
Ahora una muy guapa gurdia se acercó y con lo mejores modales me acompañó a descubrir mi intimidad. Las máscaras de Hamlet y los posibles elementos de su construcción, pudieron haberlos confundidos. Un líquido sobre ellas alcanzó para comprobar su inocencia. Y con una sonrisa de aceptación, a guardar todo de nuevo.
Conclusión: en esta mi experiencia de ingreso a España, hubo respeto, buen trato y profesionalidad. Pero una simple distraccion podía haber cambiado la historia.
Ya en Barcelona: qué maravilla! Qué deslumbramiento!
Y los pueblos lindantes: qué pintorezcos! Es Catalunya! Es su historia. Siglos de maravillas.
Por momentos el paisaje parece como de tierras cansadas. Como de personas mayores que solo han cambiado de fisonomía.
Pero drásticamente al volver sobre la urbe, una mana de jóvenes apabulla. Son tantos que contagian su algarabía. Y son alegres, como la rambla de las flores, y su atarceder iluminado. Y todo reboza de limpieza y amabilidad. Y la comparación te viene a flor de piel con lo que uno dejó atrás.
Un noticiero muestra la otra realidad; la de una pobreza que avanza con todas sus consecuencias y entonces sí, se parece, aunque lejos, a aquello que no se quisiera comparar.
Hasta que llega el primer contacto con la autoridad cultural motivo por el que vine y una vez más la cordialidad y sensibilidad me gana y entusiasma y me prepara a lo que vendrá...

Continuará!

Adrián Di Stefano
Catalunya, Noviembre de 2009.


ANECDOTARIO II

El debut artístico en tierra catalanana no podía haber sido más auspicioso. Una atención sensible e intensa de la prensa de Vilanova del Camí, preludiaba lo que iba a ser una fiesta de la cultura de intercambio de comunión entre el público y nosotros, cuando como ocurrió, se produjo el tiempo de la escena.
Una sala espectante y ansiosa daba paso a lo primeros acordes de la música flamenca que anunciaban el comienzo de la escena.
Aquí un contratiempo motivó un comienzo distinto a lo habitual ya que tanta tecnología y la responsabilidad de subir el telón respectivo hizo que lo hicieran otros; hasta que por fín se dió con el susodicho correspondiente.
El escenario era amplio pero a la vez cómodo e íntimo. Y su perfecta acústica nos permitía percibir la respiración del público y ellos a su vez acompañaban el latir de nuestra interpretación.
Una vez la magia de un texto intenso y profundo, provocaba un puente de relación que sorprendía a uno y otros. El idioma aquí era otro factor de interrelación, solo dando una intensidad acorde a un ritmo más apropiado como ya nos ocurriera el año anterior en nuestra visita a Alemania e Inglaterra.
La disposición escénica también se había modificado en parte de su original, aunque eso no perturbó a la escena. Y la función se fue desarrollando con emotiva normalidad. Escenario, luces, música y diálogo sin fronteras.
Habiamos interpretado nuestro Fausto ante un público distinto y el aplauso era el mismo. Cálido, sentido y prolongado. La devolución posterior del público con el que pudimos intercambiar saludos, nos mostró que la magia seguía en pié.
Unos días después fue el turno del primer contacto con el alumnado de nivel secundario de la Ciudad de Castelldefels, a quienes ofreceriamos la función. Aquí no íbamos a poder contar con un juego de luces que diera ambientación a cada momento de la acción y el dispositvo escénico también debía acomodarse a un espacio distinto.
La función se fue desarrollando con absoluta normalidad y respeto. Un silencio tenso marcaba la fibra de la interpretación y algunas reacciones joviales típicas, mezcla de nerviosismo y sorpresa, acompañaban la tensión dramática dando un respiro al vertiginoso ritmo que imponía la energía necesaria y acorde, para conmover y atrapar a un público no habituado a este tipo de interpretación.
Con el epílogo de la función sobrevino una charla con los docentes y alumnos que nos llevó a algunas conclusiones más o menos definidas de lo que allí había ocurrido. Los alumnos, no habían captado en general el desarrollo de la trama, motivo de una explicación posterior. No estaban informados del periodo del romanticismo; Goethe y su Fausto no eran por ellos conocidos. Pero daba la sensación de haberse sorprendidos por una inerpretación distinta a lo que estaban acostumbrados a presenciar y que no esperaban.
Hubiera sido interesante haber tenido un acercamiento mayor con el cuerpo docente.
Rica experiencia, intensa e instructiva.
En la comparación, y vaya este comentario, como una simple exposición de aproximación intuitiva y perceptiva:
La Educación en la Argentina, que uno presupone distante a la de épocas pasadas de glorioso explendor; aun mantiene un muy alto valor de excelencia. Y podriase aqui exponer un sin fin de comentarios de todo tipo; altibajos, contrastes y diferencias notorias, fiel reflejos de una sociedad con matices tan diversos y hasta contradictorios.
Pero sobre la base de nuestra basta experiencia de haber acercado nuestro arte a todos los estractos de este universo educacional; el nivel de los docentes y alumnos es tan notable, plural e intenso, que en la distancia, así lo pudimos apreciar. Y aquí cuenta también nuestra experiencia del año pasado en las Universidades de Alemania e Inglaterra que bien pueden tomarse como ámbitos de exposición más que interesantes.
Un vez más: estando dentro no apreciamos el valor de lo que tenemos. De lejos, se observa con amplitud la distancia de lo inmenso.

Adrián Di Stefano
Catalunya, Diciembre de 2009.

 

ANECDOTARIO III

Y llegó el tan ansiedo, en mi apreciación personal, debut de "Hamlet" de William Shakespeare en versión unipersonal, esta vez en pleno corazón de Barcelona, en uno de sus Establecimientos Educacionales.
El antecedente de ser una Escuela Secundaria con orientación artística y parte del alumnado que asistiaría, de netamente vocación teatral, me anticipaba que allí podría llegar a ocurrir algo notable. Mucha era la espectativa de la docente (de rica sensibilidad evidenciada ni bien tuve oportunidad de conocer) que convocaba esta experiencia, organizada por la responsable de Mundolatino.cat, Patricia Innocenti y la enorme responsabilidad de no defraudar a un público juvenil, ansioso por concurrir a una gala teatral que sería completada con una charla, seminario, debate posterior a la función, dedicado a los alumnos de la respectiva orientación.
El espacio escénico era raro. Algo había ocurrido allí. Como si se hubiera evitado mantener su antiguo esplendor. Cuando un hombre de teatro entra en el lugar en donde va a ofrecer una representación, recibe un impacto especial, sea este netamente teatral o no. A medida que camina lo que será la escena de la representación, la va adecuando a su ambientación, va percibiendo su latir, su temperatura, su presencia de magia o no. Y éste lo sentía extraño, como de antigua gloria, pero ahora acorralado, con todo para poder ser, pero postergado y no aprovechado. Con evidente intención de multifacética artividad, pero sin alma teatral. Luces que estando no cumplían su objetivo, telón, parrilla, camarines vacios y una llamativa reja a foro que daban marco a lo que podia ser un ámbito de excepción. En el presente no lo era. Como si no se quisiera ver y menos valorizar.
El comienzo de la función me impactó sobremanera. La espectativa del público juvenil era total. Una muy compacta masa de estudiantes que mostraban en su actitud una avidez impresionante. Pero una vez más, dificultades técnicas (luces de la sala que no se apagaban y adecuación a la iluminación escénica) me obligaron a doblegar mi intensidad para no perder la concentración, sumado a la interpretación de un texto que no venía diciendo ultimamente. La destreza, rapidez y maestría de mi compañero de escena en Fausto (Nicolás Heredia) hizo posible que muy rapidamente esto se pudiera subsanar y de alli en adelante avanzar sin contratiempos hasta el desenlace de la función.
Hamlet, en esta mi versión unipersonal, tiene tantos momentos diversos,tantos matices, alteraciones y variaciones, que obligan a una atención y tensión tan especial, que requiere de una fuerza y emotividad extrema. Una vez finalizado el trabajo, motiva una explosión de satisfacción, fatiga y exhalación de aire tan intensa, que se tiene la sensación de haber pasado una prueba de resistencia feroz, brutal, íntima y extrañamente compartida. Y se espera el aplauso final como una respuesta necesaria por tamaña empresa.
Aquí la reaccion fue tan expontánea e impresionante que me conmovió. Un aplauso fuerte y sostenido, con el público de pié en su totalidad, cerraba lo que había sido una función de excepción. Y no me refiero al juzgar de mi intepretación, sino a la magia que allí se había dado. Escenario que quería relucir, un actor técnico que acompañaba con sensibilidad a un actor que se jugaba entero dando todo su posible potencial y un público que recibía y devolvía la ansiedad por aprender y disfrutar. Habían escuchado los textos de Hamlet, nada menos.
La emoción me pudo. Me costó empezar la charla posterior. Ver esos rostros jóvenes que sobresalían de sus órbitas, esos cuerpos tensos y anhelantes, esas ganas de demorar el tiempo, eternizarlo. Ese intecambio de comentarios y las ganas de no guardar nada ni dejar nada por decir. Conocimientos técnicos de intepretación y estudio. Ese compartir de experiencias vividas. Alumnos que no formaban parte del grupo de orientación teatral que igual querían participar de esta charla. Y la inexorabilidad de lo que no se detiene ni entiende de razones y no se demora y avanza.
Un momento único e irrepetible. Que por mucho tiempo permanecerá en la retina del recuerdo y volverá sobre los que tuvimos la dicha de estar ahi, en esa hora y ese espacio, compartiendo la maravillosa experiencias del hecho teatral en su más alta estimación emocional.
La reflexión final me lleva a valorizar la osadía de una docente comprometida con su función, la valentía y el coraje de la organizadora de este evento, que sería importante sea tenido en cuenta en su exacta dimensión y sin preconceptos, por aquellos que tienen la responsabilidad de administrar los resortes de la educación, y que tienen en estos actos, una muestra cabal de la verdadera reacción de la juventud, como siempre ocurre, con su espontánea y responsable actitud en comportamieno, estima y sabiduría, cuando recibe los ejemplos que corresponde.

Adrián Di Stefano
Catalunya, Navidad de 2009

 

 ANECDOTARIO IV

Catalunya en sencillamente impresionante. Espectacular para usar una terminología de connotaciones teatrales.
La primera impresión como ya lo reflejé fue notar la tierra cansada. Pero llama la atención que siga dando frutos. Que tanta gente mayor pueble sus calles. Y en seguida uno descubre que los motiva las ansias de vivir. Vivir la plenitud de su existencia. Catalunya muestra el contraste de una gran urbe y el más tranquilo pueblo. A muy poco tiempo de distancia conviven uno y otro sin molestarse, sin avasallarse y nutriéndose uno del otro. Con un denominador común: la extrema cordialidad de su gente. La calidez de sus hijos que muestran lo mejor de sí.
Barcelona se la ve joven, pujante y abierta. Caminar sus veredas, viajar por sus calles se transforma en un placer de los sentidos. Dialogar con su gente, descubrir su pasado, imaginar su futuro próspero y pujante. Sin duda, le esperan tiempos de gloria. Se respira su trascedencia. Se palpa su natural prediposición a ser protagonista de la historia. Tiene algo y mucho de otros lugares. Tiene su personalidad que la destaca y diferencia. Y todo se parece ver en armonía sin la agresividad de una gran ciudad, aunque lo es. Y con la serenidad de una gran aldea que no es. Sus ciudades aledañas son de antología. De una belleza plena y madura. Se respira allí el mejor aire que se pudiera pretender. Tranquilas, seguras y unidas con sus ramas al tronco de la nostalgia. Lugares de ensueño y paz. Paisajes imponentes casi al alcance de la mano. Donde uno llega y parece no querer irse nunca. En donde uno cree haber estado y solo querer volver. Cerca del cielo sin haberse despegado de la ti
erra, y con el mejor de los paisajes, su pueblo. Comunicados con su alma. Con su palabra a flor de piel y siempre atenta. Su corazón abierto y sus ansias de volar. Se siente una sana envidia por su actitud ante la vida. La frescura de su gente joven y la eterna juventud espiritual de quienes ya no lo son.
En resumen: da ganas de quedarse, de tratar de descubrir porqué te atrapa el pensar que ya se estuvo en este tan bello lugar. Inspiración ideal para un poeta. Los ojos se llenan de nostalgia y bienestar. Los sentidos saltan y quieren explotar al compás de un corazón que palpita al ritmo tal vez ideal. Todo es bello. Los montes te protegen y contienen y no dejan ver el horizonte. Y ahi esta la clave de este lugar elegido. Nada es inaccesible. Se puede, quien se atreva, mirar al cielo que aquí parece más alto. Pero no lo es.
Estoy sentado al sol en un banco parecido al de cualquier plaza de Buenos Aires. Ayer nevó y hoy el tiempo es ideal. Y así es la vida en esta tierra. Se puede sopotar el más hondo vendaval. Y hasta se diría que se estan acostumbrados. Como si al observar el relato de algo grave el tono de la voz y hasta el semblante mantienen la fe y la esperanza. Vaya contraste. Han aprendido del dolor. Aquí no fue en vano. De siglos de esplendor quedo su esencia. Lo llevan en la sangre y es su orgullo y es envidiable. Pero, siempre hay algún pero, aunque sea insignficante. Mis ojos quieren ver lo que tal vez no esta a la vista. Es tal solo una opinión muy personal e intimista. Aquí y en este continente, ví quedarse por la nieve al más potente auto.La mayor ostentación de dinero y de poder. No pudo elevarse el más potente avión y se quedó atrapado en un gigante tunel, el más potente trén y sin calefación. La naturaleza es sabia y equilibra. No puede subir lo que no esta destinado a bajar. Y
al ver una gigante ola, una expresión te salta de los labios: "soberbio". Y esa palabra se puede volver en contra. Solo una precisa foto la podrá detener. Solo un instante podrá mirar de arriba. Se ve que va camino a caer.
Y todo pasa y todo queda o llega. Y esta tierra esta llena de poetas. Uno de ellos pero de otra profesion imaginó el estandarte y símbolo de esta población. Cuando pude visitar El Cairo, aprecié las maravillas de otras épocas. E inmediatamente imaginé que cientos de años pudieron necesitarse para concluirlas. Aquí la Iglesia "Sagrada Familia" proyecta concluirse en su totalidad en cien años. Y desde hace otros tantos parece haberse iniciado su obra, y no hay apuro en terminar lo pactado. Los hijos de los nietos lo verán. Y mientras tanto, se admira lo que piedra por piedra se va llegando. Y su figura se observa allí prepotente, y desafiando el tiempo del poeta que pudo ver un más allá, tal vez intentando eternizar su efímera existencia material. Y todo pasa y algo queda.
Y allá a lo lejos se ve un castillo medieval. En el punto más alto de una cercana montaña. Un verde prado lo distancia. Yo aqui, sentado; y a mi lado una mujer cansada piensa. La observo y no logro descubrir lo qe provoca su agitado respirar. Allá más lejos cuatro hombres mayores conversan. La paz y el suave viento de este sitio me acercan su lenguaje catalán que no logro comprender. Y un avión a chorro surca el cielo dibujando un cruce horizontal blanco y celeste. Y no puedo evitar pensar en mí.Volver mi mente atrás y proyectar que en breves días a mi tierra volveré para luego este viaje recordar.
Qué emoción enorme siento! Qué felicidad me dá el saber que uno tiene su lugar! Que el tallo se extendió sin despegarse de la tierra y vuelve lleno de sabia y alimento espiritual. Qué distinto se vé todo desde lejos! El pasaje de vuelta debería costar el doble porque de valioso tiene todo si se lo sabe valorar.
Mis funciones teatrales fueron pocas; menos de lo previstas, pero intensas, ricas, inolvidables y exquisitas. Mi experiencia en Catalunya muy positiva. El contacto con su gente muy sensible y emotiva. El paisaje del recuerdo, quedará grabado en mi retina. Pero una música se acerca. Es un tango y la letra me suena a conocida.
Y vaya como despedida, junto al acorde de tan hermosa melodía, los textos más sentidos que dedico con mi emoción sin vergüenza no escondida:
"Mi Buenos Aires querido, ya pronto mis lágrimas te volverán a ver. Hasta un nuevo viaje, no habrá más penas, ni olvido...". Gracias a ellos, yo te aprendí a querer!

Adrián Di Stefano
Catalunya, 27 de diciembre de 2009